50 años del golpe genocida

Sandra Raggio, directora general de la Comisión Provincial por la Memoria, reflexiona en este contexto regresivo en derechos y de achicamiento de la democracia, sobre temas como la baja en la edad punibilidad y el disciplinamiento social, a 50 años de aquel 24 de marzo de 1976.
Por Laura Rosso
Se aprobó la baja en la edad de punibilidad en un contexto regresivo de derechos, que ahora además se mete con las adolescencias. Esta reforma no solo profundiza la criminalización de la pobreza sino que el Estado deja de garantizar el ejercicio pleno de sus derechos, ¿qué reflexión hacés en este contexto?
-En primer lugar me gustaría señalar que la aprobación de la ley es la culminación de un profundo retroceso en materia de políticas de protección de las adolescencias y las niñeces. Más allá de que existan marcos normativos provinciales y la propia Constitución Nacional que le otorga rango constitucional a la Convención sobre los derechos de niños, niñas y adolescentes, lo cierto es que la mayoría de las personas menores de 18 años sufren graves vulneraciones de derechos, en primer lugar porque la mayoría son pobres. La profunda desigualdad en nuestro país es una deuda de la democracia que no ha podido superar la profunda brecha social que generó la dictadura y que fue una de sus principales consecuencias. Una de las respuestas ha sido el punitivismo, con una expansión en los años 90 de la población encarcelada, y una mayor policialización de los territorios como forma de control de la población excluida. En este proceso de endurecimiento del sistema penal, la llegada del gobierno de Milei ha provocado una exacerbación de estas políticas, tanto en lo discursivo como en lo propositivo y que se expande incluso a la persecución de quienes protestan. No solo se profundiza la criminalización de la pobreza persiguiendo desde el sistema penal a las personas más vulneradas y desprotegidas, como son las adolescencias, sino que se criminaliza la protesta. El castigo es una amenaza para el disciplinamiento social con el objetivo de avanzar en políticas económicas antipopulares y que solo benefician a ciertos sectores altamente concentrados y ricos. Es decir, desde este punto de vista, con las variaciones del caso, los objetivos perseguidos son los mismos que impulsaron a los militares, y los sectores civiles que apoyaron, a dar el golpe el 24 de marzo de 1976.

-El autoritarismo crece y el punitivismo se expresa achicando la democracia, ¿cual es tu análisis respecto del rumbo que está tomando parte de la sociedad que avala estas medidas?
-Una parte de la sociedad, no la mayoritaria, apoyó el golpe, sin duda no sabía lo que vendría. De ningún modo era imaginable semejante violencia represiva y tampoco la regresividad atroz en materia social. Sin embargo, entrada la dictadura muchos sectores se sintieron beneficiados con el aumento del consumo a través de los importados baratos, el crédito disponible, los viajes al exterior, etc., lo que conocemos como “la plata dulce”. En los 90, también una parte importante de la sociedad acompañó las reformas neoliberales, aun sabiendo las consecuencias que acarreaba. Es decir, los procesos regresivos, por múltiples razones, suelen contar con aval de sectores sociales amplios, incluso por aquellos que finalmente serán afectados negativamente.
-Algo parecido a esta coyuntura.
-La realidad de hoy nos remite al mismo fenómeno, pero ha habido en los últimos años un aumento en la violencia simbólica, en las ideas que mucha gente tiene sobre otras, el odio, el rechazo al principio de que todas las personas tienen derechos por el solo hecho de ser personas y que el Estado debe garantizarlos. La meritocracia, el sálvese quien pueda son parte de una prédica que también se difunde desde las usinas de un gobierno elegido por el voto popular.
-¿Qué pensás del odio que destila el presidente en sus apariciones?
-El odio es un discurso oficial. No es clandestino, no es hipócrita, se expresa con impunidad. Es parte de su propaganda. Lo hace para concitar apoyo, y lo consigue. No obstante, difícil es concluir que el voto que obtuvo este gobierno nacional es un voto ideológico, apegado sin matices ni fisuras al sesgo autoritario y de extrema derecha que los libertarios sostienen y pregonan. No es un fenómeno solo nacional, el avance de las extremas derechas se da en muchos países occidentales y en gran medida es la otra cara de un proceso de una profunda transformación de la matriz del capitalismo que sigue abriendo brechas, segmentando, de un modo tal que pone en jaque a la misma democracia. Los partidos y fuerzas políticas de las corrientes más progresistas no han podido contener las demandas, ni tampoco poner límites a la ferocidad de ciertos sectores del capital que acumulan riquezas por desposesión, privatizando, destruyendo recursos y derechos.
-Estos 50 años trazan medio siglo de luchas, memoria, resistencia y plazas que no dejan de llenarse.
-Un estudio reciente mostró que la gran mayoría de la población rechaza la dictadura y la impunidad de los genocidas, seguramente muchas personas que lo votaron están dentro de estos rangos de respuesta. Por lo tanto, es bueno registrar estos matices para pensar qué hacer. Cierto es también, que esta percepción negativa de la dictadura, no evitó que Milei ganara, hay que registrar esto. Las políticas de memoria no alcanzan para que ciertas condiciones del pasado no se repitan.
¿Cuáles son los desafíos?
-Los desafíos son otros, y se ubican en las propuestas políticas que puedan constituirse en alternativas frente a esta regresión. En estos más de 40 años evidentemente, la democracia consolidada como régimen político dejó mucha decepción, es muy positivo que al menos, no se vislumbre como posibilidad más autoritarismo como posible salvación. No es un mal piso, esperemos que este 24 de marzo nuevamente seamos millones en las calles demostrando que hay cuestiones centrales que marcan el sentido ético de una sociedad que no son negociables.
-El grito es Memoria, Verdad y Justicia.
-Los pilares de Memoria, Verdad y Justicia son en gran medida los que sostienen esa ética sin concesiones. Y pese a los ataques de este tiempo, no paran. La conmovedora identificación de doce personas enterradas en La Perla, Córdoba, es la demostración más cabal de lo que no podrá pararse, porque los crímenes aún se siguen cometiendo y somos millones los que no toleramos que queden impunes.
