“La Red Compañera es resistencia, revolución y esperanza para la emancipación”

Tamara Abracinskas es integrante de Las Lilas y área joven de MYSU (Mujer y Salud Uruguay), con ella continúa la serie de entrevistas a activistas de la Red Compañera de América Latina y el Caribe.
Por Laura Rosso
Ser acompañante de abortos le ha permitido a Tamara descubrir la praxis más cotidiana de ser feminista. Una praxis que trasciende reuniones, asambleas, marchas y talleres, para tener un compromiso cotidiano de acciones que cambian vidas. “Una forma activa y solidaria de hacer para otras y otres -dice Tamara-, de abrir oportunidades distintas a una maternidad impuesta, de desentramar nudos para generar alivio y orientar caminos de soluciones”. Por otra parte, y a nivel regional, ser parte de la Red Compañera le ha permitido conocer otras realidades, otros mecanismos, otras formas de acompañar. “Aprender de los contextos más restrictivos y bajar a tierra lo que hemos conquistado. Y nutrirnos de quienes vienen acompañando desde hace muchos más años, con redes contundentes en términos de experiencia. Eso a nosotras nos ha permitido aprender en conjunto y en sinergia”.
Los vínculos feministas dentro del movimiento por el aborto legal, seguro, libre y gratuito, producen alianzas que trascienden fronteras y sellan iniciativas potentes y maravillosas. Tamara cuenta que “Las Lilas surge a la par que Red Compañera, aprendiendo mucho de Socorristas en Red, de Con las Amigas y en la Casa, y de otras compañeras y redes regionales. Y MYSU (Mujer y Salud Uruguay), en tanto es una de las organizaciones que integra Las Lilas, ha impulsado también ser parte de esta red regional y de una praxis feminista internacionalista que está, particularmente en América Latina y el Caribe, muy arraigada en el intercambio permanente de aprendizajes, experiencias, estrategias, tácticas de incidencia y formas de avanzar y resistir”.
-En América Latina, las ultraderechas se posicionan en contra del aborto y los derechos de las diversidades, ¿cómo se transfieren los legados feministas a las próximas generaciones?
Tamara: En Las Lilas somos mayoritariamente integrantes jóvenes. Obviamente hay un intercambio generacional, pero la mayor cantidad de integrantes somos feministas jóvenes, que adherimos a esta causa y nos vamos generando comunidad feminista. Nosotras hemos encontrado también que la forma es trascender la capital, o sea, la manera de transferir ha sido a través de capacitaciones, charlas, formaciones, y de comprender que Las Lilas no es un punto cero sino que ya se venían haciendo acompañamientos en Uruguay. MYSU tuvo un rol fundamental sobre todo a través de su observatorio nacional, de cómo ha sido el proceso uruguayo para la legalización del aborto, cómo fueron las alianzas que se construyeron, cómo se llevó adelante la campaña, qué barreras hubo, quiénes fueron los que se enfrentaron a esta ley y quiénes son los que siguen buscando estrategias para derribarla. Entonces conocer el proceso ha sido parte de una forma de transferir esos legados, de que quienes estemos conozcamos a quienes lucharon también en su momento, y nos sintamos parte de esa lucha. Así que ha sido la formación, el ejercicio de la memoria, el ejercicio de reconstruir nuestra propia historia feminista y generar comunidad. No quedarse solo en ese círculo vicioso de la capital, sino salir y construir para y con las feministas de otros lugares, que no participan quizás en las marchas más masivas o en las asambleas más grandes de la capital, pero que tienen mucho para aportar porque conocen su territorio y por ende sus realidades. Ese rol más comunitario de construir y reconstruir ha sido fundamental sobre todo después de la pandemia. Las consecuencias de la desarticulación por el avance de las ultraderechas, implica reconstruir el tejido social. Y en ese sentido, comprender que nuestro rol de acompañantes va a la par de otras formas de organización popular y solidaria.
La IVE en Uruguay
En Uruguay, el aborto es legal y está despenalizado en causales: por la simple voluntad de la mujer hasta las 12 semanas, por causal violación hasta las 14 y sin plazos en caso de malformación fetal incompatible con la vida o causal de riesgo de vida para la mujer. Cualquier otra que quede fuera de esas causales sigue estando dentro del código penal. “La ley en términos generales está funcionando bien -subraya Tamara-, los servicios están dando respuesta. Hay un estimado de unos 11.000 abortos por año, o sea que los servicios están respondiendo. Es una ley de alcance nacional, con las dificultades de poder superar las barreras entre las áreas metropolitanas y las rurales o los pueblos chicos del país, en términos de acceso a salud”.
Otra barrera que menciona Tamara es la objeción de conciencia que está habilitada por la ley “y la objeción de ideario que también se habilitó y significa que instituciones enteras como el Círculo Católico o el Hospital Evangélico no garanticen el derecho a abortar a sus usuarias. Son problemas que tienen que ver -más que con la implementación- con el contenido de la ley, y es parte de los desafíos que nosotras tenemos en este momento”. Tamara reconoce lo logrado: que se haya conquistado una ley en 2012 y que se haya implementado desde 2013, de forma sostenida. “Si bien la ley fue faro en 2012, hoy es una ley que ha quedado vetusta, en tanto pone en el centro, ya desde el artículo 1°, la vida y la maternidad. Entonces la ley está orientada a la prevención del aborto y no a garantizarlo como un derecho y punto, con el paradigma de la autonomía reproductiva y el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos desde la visión de los derechos sexuales y reproductivos”. Tamara agrega que el texto normativo posee algunos conflictos, como que se excluya a las mujeres migrantes con menos de un año de residencia, que se ponga a un equipo interdisciplinario que muchas veces no se logra consolidar, que se destinen cinco días de reflexión para pensar la decisión, y barreras sobre qué profesionales pueden dar la medicación y de qué forma se puede acceder. “Estos obstáculos se traducen en barreras en la implementación. Tampoco hay campañas de difusión e información. Son barreras que se arrastran desde su propio inicio, porque fue una ley negociada, y a medida que pasan los años, las barreras se incrementan”.
-¿Qué representa la trama colectiva que se teje en la Red Compañera?
Tamara: Representa una trama colectiva de resistencia y organización. Esa trama permite activar tanto en los lugares donde hay muchas restricciones como en territorios donde el acceso al derecho está reconocido por normativas legales. Hay países donde se ha logrado avanzar y ahora hay amenazas de retroceso, o hubo amenazas como en el contexto uruguayo, con la administración del gobierno anterior de Lacalle Pou, un presidente que se declaró provida, y designó a personas provida en cargos de servicios de salud sexual y reproductiva con el debilitamiento de los servicios. Y esto se está repitiendo ahora en Argentina y el riesgo que tienen Chile y Colombia. Me quedo con la idea que le planteamos a las mujeres cuando las acompañamos: que no están solas, que hay soluciones, que hay formas de salir adelante, que podemos encontrar caminos emancipadores. Ese mismo rol cumple Red Compañera para las redes de acompañamiento que nuclea. Y es un respaldo también, tanto para las redes que no son públicas, como para las que sí lo son. Es sabernos parte de algo más grande, de un espacio político que construye feminismo. La Red Compañera representa revolución, una revolución larga, que no es de un día para el otro, y eso es algo que particularmente las jóvenes vamos aprendiendo en el camino, la paciencia en el proceso, el afrontar las frustraciones, el reconocer los pequeños logros, los pequeños avances, los logros en las resistencias, también. El rol de la Red Compañera es integrador, es inclusivo y eso cambia la forma de hacer política. Entonces en ese sentido, representa resistencia, revolución y esperanza para la emancipación. Creo que son motores muy importantes en estas épocas porque hay justamente mucha desilusión, momentos de arrinconamiento, de desesperanza y de cerrada de puertas a los caminos para avanzar y salir de este sistema opresor. La Red va tejiendo un trabajo de hormiga que cambia realidades cotidianas, que cambia materialmente la vida de las personas y también nos va cambiando a las que acompañamos. Es una de las redes feministas con más fortaleza en este momento.
