“El amor entre mujeres es lo que nos moviliza”

Por Laura Rosso
Una conversación con Lilo Lara, quien desde Bogotá, Colombia, nos trae sus palabras, dichas y cantadas, que siempre confluyen en la libertad de los cuerpos.
“Las mujeres estamos expuestas a todo lo que está sucediendo, sobrevivimos a múltiples virus, a múltiples ataques, a la violencia del Estado que nos sigue asesinando”, advierte Lilo Lara desde Bogotá, Colombia. Tiene 24 años es artivista feminista y cuenta que fue criada por diferentes mujeres del movimiento feminista desde muy temprana edad. Tenía 12 años y una tía lesbofeminista le mostró el camino de este activismo. “Tuve la fortuna de empezar a acompañar abortos desde los 16, primero a amigas y compañeras del colegio y luego de la universidad”. A los 20, Lilo llegó a Las Parceras buscando ser acompañada en su propio aborto y se prendió a esa confianza desde el momento que las conoció. Se agarró fuerte de las manos de las mujeres que la recibieron y no las soltó nunca más. “Ese encuentro significó abrazarme a los saberes de otras y otres compañeres, saberes con lo que yo no contaba”. Lilo se fortaleció desde esos conocimientos sobre lo que representa el acceso al aborto y las formas de llevarlo a cabo.
Las Parceras surgió en Colombia “amadrinadas” por la grupa Las Comadres, de Ecuador. Hicieron procesos de formación en Bogotá, en los que Lilo participó y de inmediato supo de esa fuerza que estaba comenzando para dar forma a una red de acompañante de abortos. Yela es amiga de Lilo y venía construyendo esa grupa desde julio de 2017. Eran unas 20 compañeras que se formaron y se hicieron amigas. En septiembre de 2017 hicieron un lanzamiento público con una serie de conversatorios y una presentación artística. A partir de ahí, Las Parceras se han movido con diferentes apuestas para crecer y “convertir el acompañamiento en una acción directa contra el sistema heterosexual que nos quiere obedientes a su mandato de maternidades y pariendo hijes para su guerra” señala Lilo.
Quisieron llamarse Parceras porque en Colombia ese término significa amigas, compañeras, hermanas. “Alguien con quien empatizas”, define Lilo y cuenta que es trabajadora social por profesión y vocación y artista por pasión. Recuerda que cuando empezó a estudiar trabajo social sabía que sería una base importante para la construcción de cualquier canción u objetivo que quisiera obtener. “Mi música es contestataria y tiene un horizonte político claro. Es también una respuesta desde el amor y la conexión entre mujeres, desde la construcción de otras narrativas y desde la memoria para hacernos justicia a nosotras”. Desde ese lugar político, Lilo fue creciendo en su apuesta artística en una realidad en la que ella es consciente de que incomoda a muchas personas que siguen en sus prácticas patriarcales reproduciendo y perpetuando un sistema de violencias machistas. “En aras de que esto no ocurra, nosotras decidimos levantar la voz desde todos los escenarios sociales y políticos en los que podemos estar”.
Encontrase con otras artistas feministas fue importante para mostrar las inconsistencias también dentro del mundo del rap, de la música hip hop y otros géneros musicales. En efecto, se dieron cuenta de cuan hostiles eran ciertos escenarios. Frente a ese sexismo, decidieron encontrase para hacer freestyle feminista con otras formas de lenguaje. “Fue sanador y para muchas se transformó en un espacio de conocimiento”. Rodeada de esa energía, compuso Nosotras primero, que se puede escuchar a través de este link.
-¿Cómo repercutió en vos aquel contexto de mujeres en el que creciste?
Lilo: -Mis madres, como yo les digo, fueron mis primeras maestras, mi gran escuela. Vengo de una familia de cinco mujeres. Mi abuela tuvo sus hijas y también fue abortera. Ella sabía sobre métodos de aborto con plantas. Yo fui su primera nieta y mis tías me criaron. Mi abuela era como yo, poco de hombres, y entonces toda esa crianza desde el amor y el cuidado más sano, me lo dio mi abuela. Ellas estuvieron conmigo hasta mis 16 años. Si mi mamá no estaba porque trabajaba, también súper explotada por el sistema, yo estaba todo el tiempo con mi abuela y con mis tías. Y justamente porque estaba con ellas y ellas tenía una cercanía a programas sociales en el barrio, me llevaban cuando salía del colegio a los centros comunitarios donde había un montón de niñes y jóvenes. Crecí con ellas.
Lilo fue creciendo y se dio cuenta de todo lo que heredó de esas mujeres. “Tengo todo de ellas”, dice. “Todo lo soy se lo debo a ellas y les agradezco mucho”. Dice que esas mujeres la salvaron. Crecer en un contexto de mujeres significó cuidado, compañía y amor frente a un montón de violencias. “Ellas me creyeron, me hicieron fuerte, me alimentaron en esa fuerza y me abrazaron”. La sabiduría de su abuela es su tesoro, fue quien le enseñó a colectivizar los alimentos, el dinero y los gastos como formas amenas de solidarizarse entre ellas.
En este tiempo de alianzas entre colectivas de Latinoamérica y el Caribe con el objetivo de acompañar abortos, Lilo habla de la Red Compañera: “Trabajamos para crear formas de agenciamiento, de gestión, de cuidado, de seguridad, de cyberseguridad que alimentan nuestras prácticas de acompañamiento en los diferentes territorios, desde esos ejes nos movemos. También para identificar como gestionar otras cosas como el acceso al medicamento, y no solo el acceso, sino también su transporte”.
-Hay mucha disparidad en el mapa de Latinoamérica y el Caribe en relación al acceso al aborto, por eso la importancia de estos activismos para poder ejercer la autonomía del propio cuerpo. ¿Cuál es tu reflexión?
Lilo: -Hablamos de aborto libre, acompañado y feminista porque no nos basta con un aborto legal, que por supuesto es necesario porque es la garantía de no ser perseguidas jurídica y socialmente. Nuestras narrativas y discursos son importantes para seguir movilizando. Estamos cansadas de que el aborto se patologice, de que se nos patologice a nosotras luego de haber abortado. Nuestras voces tienen que ser escuchadas. Llegar a las mujeres populares, a través de diferentes propuestas artísticas, como piezas gráficas y audiovisuales intersectoriales y disidentes. Buscamos una constante información, descentralizar la información del derecho al aborto. Buscamos generar diferentes contenidos a través de redes sociales. Para ampliarnos a nivel nacional tenemos que movernos, no hay forma de llegar si no es moviéndonos a otros territorios, repartir materiales, pintar murales con nuestro número de acompañamiento, diseñar afiches y stickers. Así nos hemos movido.
Acompañar abortos es su realidad, Lilo ha buscado la manera de ser una artivista abortera, fortalecer sus apuestas mientras su vida cotidiana fluye entre la autogestión de su música y los cuidados para garantizar su seguridad en un contexto de pandemia, sin nunca detener su activismo.


