“Hablar de Palestina es un compromiso histórico”

En la lucha por Palestina libre, Sandía se expresa desde la unidad de clase, la unidad de cuerpos históricamente expoliados y de sujetos políticos transfronterizos que desafían los poderes internacionales y la lógica colonial.
Por Laura Rosso
Sandía nace de la necesidad de sentar un posicionamiento. Desde esa premisa, un grupo de personas provenientes de distintas trayectorias se encontraron para conformar esta coordinadora. Son militantes internacionalistas anti-extractivistas, agrupaciones de izquierda, docentes, migrantes, compañeres de la diáspora palestina, artistas, periodistas y autoconvocades que decidieron tomar la palabra en la discusión geopolítica para construir sus propias narrativas frente a lo que consideran el proyecto racista más organizado y estructurado de la historia contemporánea. Así, Sandía, surge en un contexto que Nat P -integrante de la coordinadora, socióloga, internacionalista y lesbiana- describe como “profundamente sionista, con un gobierno que hambrea al pueblo, persigue y judicializa a quienes luchan por denunciar el genocidio”.
Sobre este recorrido, Nat cuenta: “Fuimos aprendiendo. Adoptamos como premisa fundamental que todes podemos hablar de Palestina, que no es algo “difícil”, como intentaron convencernos los analistas geopolíticos y académicos presentando las luchas de los pueblos de Medio Oriente como algo lejano, complejo y ajeno. Creemos que hay una continuidad directa entre las políticas de exterminio a la población LGBTTIQNBA+ en el sur global occidental y el exterminio en Palestina, porque se trata al fin y al cabo de aniquilar todas las poblaciones que el norte del poder considera desechables. Por eso insistimos en traer esto a la reflexión y decimos que nuestras luchas son indivisibles”.
¿Con qué respuestas se encontraron?
-Una de las más frecuentes es: “¿Por qué ustedes, lesbianas, trans, gays defienden a un pueblo que las mataría?” Creemos que esta enunciación condensa a la perfección la cultura de colonización occidental, racista, supremacista y profundamente islamofóbica. Resume en una sola frase el odio sembrado hacia los pueblos de Asia Occidental, la construcción del “terrorista” como toda otredad que se defiende de la maquinaria de muerte imperialista, y el mito de la “mujer musulmana oprimida” que debe ser salvada y la negación o borramiento absoluto de las diversidades sexuales y de género.
Ahí se ve la construcción de un enemigo público, ¿no?
-Sí, se construye el ejemplo perfecto del enemigo público de la comunidad LGBTTIQNBA+ internacional y de las mujeres, y por consecuencia una afinidad “natural” con Israel y los “avanzados” y “libres” países del norte occidental. De esta manera, la supuesta “liberación” moderna y occidental de las mujeres y de la comunidad LGTB+ se convierte en la excusa perfecta para la ocupación y el exterminio. Bueno, el sentido común occidental funciona en esta misma lógica, y la industria cultural se ha sintonizado a la perfección con los intereses geoestratégicos del norte global. Frente a esto nunca sobra aclarar que los países de la región no son un bloque unificado y homogéneo, muy por el contrario tienen políticas, leyes, tradiciones, costumbres y vectores morales muy diferentes entre sí y antagónicos en algunos casos.

¿De qué modos trabajan desde Sandía para desmontar estas narrativas?
-Insistimos con que nuestro orgullo no banca genocidios, nuestro orgullo no baila con asesinos. Por eso es urgente, como dicen nuestres compañeres de queers in Palestine: “Tomar una posición queer anticolonial y anticapitalista para comprender nuestra realidad no es una simple opción: es una necesidad”.
¿Y cómo se organizaron en estos dos años de existencia?
-Nos organizamos para discutir y disputar todos estos relatos, construyendo nuestras propias narrativas y lecturas geopolíticas donde entremos todes y en este camino se nos llenaron de palestinidad nuestras entrañas transfeministas: aprendimos de paciencia en la lucha, de dignidad de los pueblos, de cuan blanqueados y racistas siguen siendo algunos sectores feministas. Entendimos fundamentalmente que no hay paz posible cuando la paz la propone el opresor, que hablar de Palestina es un compromiso histórico, que nadie es libre hasta que todes seamos libres, y que no habrá paz mientras exista el sionismo.
¿Es posible historizar el genocidio en Gaza?
-Es importante repetirlo siempre: esto no comenzó el 7 de octubre de 2023, sino hace casi ochenta años, con la constitución ilegítima del Estado de Israel, un Estado racista y supremacista fundado mediante la implantación de colonos. Israel nació como un proyecto colonial europeo, erigido sobre el despojo y la expulsión sistemática de la población originaria.
Desde hace décadas, Palestina vive bajo un régimen de apartheid en su propia tierra, que se traduce en violaciones sistemáticas de todo tipo. Generaciones enteras han nacido y muerto bajo la ocupación, el asedio y la tortura del Estado israelí. Hoy existen más de nueve millones de palestines en la diáspora. Les palestines, convertides en ciudadanes de segunda en su propia tierra, han soportado las peores calamidades: la expropiación de sus tierras, el corte del suministro de agua y alimentos esenciales, encarcelamientos ilegales que se prolongan durante décadas, la apropiación simbólica y cultural de sus tradiciones, su gastronomía y su historia. Israel explota todo lo que da vida en Palestina: plantaciones, ganado, costumbres, cultura. Esto ocurre desde hace casi ocho décadas.
¿Qué observaron en estos dos últimos años?
-Presenciamos el recrudecimiento del plan político genocida que Israel viene diseñando desde hace décadas: el golpe final para constituir un “Gran Israel”. Este genocidio, televisado, streameado, instagrameado, deja cientos de miles de muertes, miles aun bajo escombros, el 95 % de la infraestructura de la Franja de Gaza destruida, periodistas asesinades a diario, una población sometida al hambre, a la desnutrición, a la deshidratación y a violaciones masivas cometidas por las fuerzas de ocupación (IDF). El ataque del estado criminal, con la pantalla de atacar “terroristas”, en realidad se centra especialmente en las infancias y las personas gestantes apuntando directamente a impedir la reproducción del pueblo palestino: lo que llamamos un genocidio reproductivo. A esto se suman la destrucción de escuelas y universidades buscando deliberadamente desterrar por completo la capacidad palestina de producir conocimiento y pensamiento crítico. Todo esto forma parte del mismo plan.
Además se ignora el derecho internacional.
-El ultraderechista parlamento israelí (la Knesset) ha declarado a Cisjordania como parte del territorio israelí, sumando una nueva, a la larguísima lista de violaciones de las leyes internacionales. No solo ha ignorado el derecho internacional, sino que ahora tambien avanza en la legalización de la pena de muerte para prisioneres palestines en las carceles sionistas. Esto evidencia el desprecio absoluto por las leyes internacionales, el derecho humanitario y los derechos humanos. Israel no tiene contrapartes legales que lo frenen, y lo sabe. Netanyahu, con el respaldo de Estados Unidos y la Unión Europea, continúan con su proyecto del “Gran Israel” y con “terminar el trabajo en Gaza”: exterminar al pueblo gazatí, anexar gran parte de la Franja y provocar, mediante nuevas masacres y el bloqueo de la ayuda alimentaria, un éxodo masivo de quienes queden allí.
Intentan por todos los medios quebrar la dignidad palestina, pero de pronto, el mundo entero se les convirtió en Palestina. Las movilizaciones a nivel mundial son permanentes, masivas y siguen creciendo.
¿Qué es urgente? ¿Qué hay que hacer ahora?
-Movilizarse. Hablar. Boicotear. Ahora más que nunca, la capacidad de frenar la maquinaria genocida de Israel y de todo el bloque de países del norte de poder occidental está en manos de la movilización y la solidaridad internacional. Solo la acción colectiva y global puede mover la aguja frente a este genocidio. No tenemos que dejar de hablar de Palestina.
Las resoluciones internacionales no están logrando nada. El cese al fuego se ha violado sistemáticamente y nunca existió una voluntad real de cumplirlo. No hay paz posible: la paz que ofrece el opresor siempre será a costa de la vida de los pueblos. Esa paz colonial es avalada por los organismos internacionales, que funcionan como cómplices. Por eso, desde Sandía, defendemos el derecho del pueblo palestino a la autodefensa por todos los medios que considere necesarios. Sabemos que los Estados no cuidan ni protegen; son los pueblos quienes se cuidan mutuamente. Solo la movilización y la solidaridad internacionalista pueden detener, o al menos frenar esta masacre. Solo la unidad de los pueblos en lucha salva a los pueblos. Por último, no sirve que los Estados reconozcan simbólicamente a Palestina como Estado ni que se firmen acuerdos que no se acompañan de medidas y sanciones reales. No hay que dejarse engañar con celebraciones diplomáticas vacías: lo que se necesita son sanciones efectivas ya.
¿Qué tareas tienen los feminismos y transfeminismos en la lucha por una Palestina libre?
-Hoy es urgente internacionalizar las luchas, creemos que es un imperativo pronunciarse de manera clara y contundente frente al genocidio en Palestina, es una declaración política impostergable. Nosotres creemos que tenemos un compromiso histórico, pero también nuestras condiciones materiales de existencia hoy son precarias, vivimos también las consecuencias materiales del mismo sistema que sostiene la ocupación: el saqueo, el hambre, la precarización de nuestras vidas. Por eso, la unidad es indispensable. Nuestra tarea es hacer de las causas de los pueblos nuestras propias luchas, porque no hay transfeminismo posible sin anticolonialismo.
