Mendoza resiste: el agua no se negocia

En Mendoza, los días y las noches se volvieron una sola cosa: calles llenas, ruido, marchas de kilómetros y un mismo grito que atraviesa la provincia como un río: el agua no se negocia. Esa persistencia no nace de la nada, sino de la avanzada extractivista del gobierno nacional y de su operador más aplicado, Alfredo Cornejo.

Por Daniela Cardano

Lo que está pasando no es un episodio aislado, sino el resultado directo del proyecto extractivista del gobierno nacional y de su aliado más disciplinado, el gobernador mendocino Alfredo Cornejo, que avanzan —ley tras ley— sobre los territorios que se organizan para defender lo que les queda. 

La aprobación del proyecto minero San Jorge, votada esta semana en la Legislatura, es parte directa del clima político nacional: el presidente Javier Milei ya anunció que su camino es habilitar la megaminería sin límites ni controles, y Cornejo ejecuta esa línea acelerando trámites, forzando la Declaración de Impacto Ambiental y preparando ahora el intento de derogar partes de la Ley de Glaciares, una de las pocas defensas reales que protegen las nacientes de agua. 

San Jorge es un proyecto metalífero que busca explotar cobre y oro en una zona declarada de “estrés hídrico”, donde cada río —el Mendoza, el Uspallata, el San Alberto— sostiene ciudades enteras. Habilitarlo no es un gesto técnico: es avanzar sobre un territorio cuyo límite es el agua.

Selva, activista feminista e integrante del Socorro Zondaia en Mendoza, lo cuenta desde el territorio: “el día que se votó la ley hubo una movilización de 100 km, con 20 mil personas caminando desde distintos puntos de la provincia hacia la Legislatura”. Las asambleas, los barrios, las familias, les pibes y las mujeres caminaron hacia un mismo punto mientras, del otro lado, se aprobaba igual un proyecto rechazado por la calle, por la historia y por la memoria reciente de Mendoza.

Desde ese día, las noches no se apagan. El Km 0 se volvió base, posta y abrazo: ruidazos, la Asamblea Popular por el Agua, organizaciones, vecines llegando de todos lados para sostener la presencia en el espacio público. Mientras tanto, los medios provinciales eligen callar. No cubren, no informan, no nombran, y ese silencio funciona como una segunda forma de represión, porque aísla la lucha y la vuelve invisible para la propia población mendocina.

Frente a ese apagón informativo, la movilización decidió moverse desde la Legislatura hacia Canal 9 para exigir cobertura. La respuesta estatal fue inmediata y violenta: llegó infantería, reprimió con balas de goma, golpes y corridas, y terminó con diez personas detenidas. “Una de las socorristas estuvo ahí. Fue muy fuerte. Estaba muy preocupada”, cuenta Selva, y en esa escena se condensa todo: un pueblo defendiendo el agua mientras el gobierno decide defender el negocio megaminero.

Desde Socorro Zondaia levantan la voz frente a la represión que, el jueves 11 por la noche, intentó quebrar a les compañeres de la Asamblea Popular por el Agua. No se puede detener un río con balas, ni un pueblo que defiende lo que le da vida. “Repudiamos esta violencia estatal que busca disciplinar una lucha legítima y exigimos la liberación inmediata de quienes fueron detenides. La defensa del agua es una causa colectiva y el derecho a protestar tampoco se negocia”.

Lo que está en disputa no es solo un modelo económico, sino el sentido mismo de futuro. Para Milei y Cornejo, desarrollo es sinónimo de extractivismo urgente para déficit urgente, incluso si eso implica sacrificar glaciares, ríos y las vidas que dependen de ellos. Pero también es política la respuesta que crece de quienes habitan las tierras mendocinas: organización territorial, memoria de las luchas pasadas y una convicción que no se agota en una votación.

Para esta noche del 12 de diciembre se convoca un nuevo ruidazo frente a la Legislatura. No es solo contra la represión, es contra un modelo que pretende convertir a Mendoza en territorio subordinado al negocio extractivista. Mientras, la provincia sigue caminando, marchando y diciendo lo obvio: cuidar el agua es cuidar la vida. 

El agua sigue corriendo. La lucha en las calles también.

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