Micaela García: un nuevo juicio contra Néstor Pavón comienza el 29 de octubre

Por Laura Rosso
Se cumplieron nueve años y medio del femicidio de Micaela García, ocurrido el 1 de abril de 2017 en Gualeguay. El año que viene se cumplirá una década de aquella madrugada en la que Micaela volvía de bailar y fue violada y asesinada. En todo este tiempo, el nombre de Micaela además de ser el nombre de una muchacha cuya vida fue arrebatada por la violencia machista más extrema, fue un nombre que se transformó en política pública, en Fundación, en bandera y grito colectivo. Porque es imposible no recordar su sonrisa mientras pintaba la bandera del primer Ni Una Menos en 2015, con su cabello negro azabache, rodeada de chicos y chicas del barrio donde militaba. La Ley Micaela, sancionada en 2018, ligó su nombre a una política pública para que quienes integran los tres poderes del Estado tengan la obligación de capacitarse en género y violencia de género. La ley lleva su nombre para prevenir, identificar y abordar las violencias contra las mujeres, pero también remite a una historia concreta: las decisiones institucionales que no estuvieron a la altura de las responsabilidades que debían asumir.
Su nombre es un grito colectivo
“Permanentemente estamos trayendo a Mica al presente”, dice su papá, Yuyo García. Lo hace cada vez que dan una capacitación, cuando explican por qué la ley se vincula con el caso y cuando vuelven sobre las intervenciones estatales que pudieron haber cambiado el desenlace. Porque en el caso de Micaela, hubo un juez que contaba con varios informes psicológicos del Servicio Penitenciario que advertían sobre Sebastián Wagner y, aun así, le otorgó la libertad condicional. También hubo una denuncia que no fue tomada en tres lugares distintos el viernes previo al femicidio de Micaela. Esas decisiones forman parte de una cadena de responsabilidades: cuando las instituciones desoyen, niegan señales de riesgo y no actúan con perspectiva de género, las mujeres y disidencias corren peligro.
Micaela tenía una historia, una militancia, una manera de mirar en el mundo. Participó activamente en la organización del primer Ni Una Menos, por eso su memoria recupera su fuerza, sus decisiones y su voluntad de transformar el mundo.

Néstor Pavón volverá a ser juzgado, ahora acusado de coautor
El 29 de octubre comenzará el debate contra Néstor Pavón. La familia de Micaela volverá a los tribunales para escuchar testimonios, llevar pruebas y esperar una resolución. Desde el primer juicio sostuvieron que Wagner no actuó solo. Pavón, que había empleado a Wagner en su lavadero, llegó a aquel debate de 2017 acusado de los mismos delitos, y la fiscalía y la querella pidieron prisión perpetua para ambos. El tribunal de Gualeguay descartó la coautoría y lo condenó a cinco años por encubrimiento agravado. Se trata de un delito distinto, que castiga la ayuda prestada después del crimen y no la participación.
La fiscalía y la familia recurrieron esa sentencia. En 2019, la Cámara de Casación Penal de Paraná anuló la condena por encubrimiento y ordenó un nuevo juicio. La defensa llevó el caso al Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, que en julio de 2020 le dio la razón y anuló esa orden. Semanas después, el mismo Tribunal dispuso la excarcelación de Pavón porque la condena no estaba firme.
La familia y la fiscalía llegaron entonces a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Hubo demoras que prolongaron la espera: el expediente tardó en llegar y hubo que aguardar el dictamen de la Procuración General. En diciembre de 2024, la Corte dejó sin efecto la sentencia del Superior Tribunal entrerriano porque carecía de fundamentación y no había abordado el caso con perspectiva de género. El expediente volvió a Paraná, y la Sala Penal del Superior Tribunal ratificó finalmente lo resuelto por Casación. Así quedó firme el nuevo juicio.
Mientras tanto, la vida transcurre y pasan los años. Los abuelos paternos de Micaela murieron sin conocer la respuesta judicial que esperaban. “Hubiese sido mucho mejor que cuando los abuelos de Mica se fueran de esta vida hubiesen sabido que la justicia por el femicidio de su nieta estaba completa”, dice Yuyo García al recordar a su madre y a su padre. Se trata de la desigualdad de los tiempos del sistema judicial. “Los tiempos se dilataron para darnos una respuesta a nosotros. Para darle respuesta a Pavón fueron muy ágiles”, señala.
La memoria como trabajo cotidiano
La Fundación Micaela continúa con su tarea. La formación a personas para que luego capaciten en la Ley Micaela es una de sus principales actividades. Numerosas cohortes de participantes de distintos puntos del país, con instancias virtuales y encuentros presenciales, y también formaciones para acompañar a mujeres y disidencias que atraviesan situaciones de violencia. El trabajo que llevan adelante se amplía con talleres de costura, peluquería, lectura, escritura, bordado, arte para niñeces y adolescencias, ayuda escolar y orientación vocacional, entre otras actividades. Hay una biblioteca, espacios de encuentro, peñas folklóricas y acciones comunitarias que se sostienen con el aporte de quienes participan y colaboran. La Fundación es un lugar donde se tejen tramas, vínculos, aprendizajes y posibilidades compartidas. Y en ese trabajo aparece el legado de Micaela. Su nombre circula en las capacitaciones, en las conversaciones sobre las responsabilidades del Estado, en las herramientas que otras personas llevan a sus lugares de trabajo y en las redes que se construyen para acompañar situaciones de violencia.
Micaela cumpliría 31 años. Su papá dice que le cuesta imaginarla con esa edad: ponerle a su rostro la marca del tiempo. La Ley Micaela lleva su nombre y recuerda que las políticas públicas importan, que las decisiones del Poder Judicial tienen consecuencias y que la perspectiva de género no es una formalidad. Su sonrisa inolvidable sigue viva en el trabajo colectivo. La justicia que quedó pendiente tiene ahora la posibilidad de concretarse.
El jueves 29/10 en la puerta del Tribunal de Gualeguay se hará una clase pública organizada desde la Facultad de Ciencias de la Vida y la Salud de UADER, donde estudiantes de 4º año del profesorado universitario de Educación Física (la carrera que estudiaba Micaela) harán intervenciones sobre distintas aristas del caso y de la perspectiva de género, con voluntarias de la Fundación de varias localidades del país.
