“Nos quieren silenciar: los medios comunitarios resistimos para seguir contando lo que otros callan”

Silvana Iovanna Caissón, comunicadora popular e integrante de Giramundo TV Comunitaria, denuncia el vaciamiento de las políticas públicas y la censura encubierta que sufren los medios autogestivos bajo el gobierno de Javier Milei.

Por Noelia Aguilar Moriena

Desde Mendoza, Silvana Iovanna Caissón, licenciada en Comunicación Social e integrante de Giramundo TV Comunitaria, reflexiona sobre el rol del periodismo y la comunicación popular en un contexto que, asegura, “busca apagar las voces disidentes”. Fundado en 2006, Giramundo se sostiene como un canal de televisión comunitario que desde sus orígenes apuesta por una comunicación libre, plural y al servicio de las luchas sociales.

“La comunicación es una herramienta para vincularnos y construir colectivamente. Pero hoy, en un sistema neoliberal, comunicar se vuelve un acto de resistencia”, sostiene Caissón al tiempo que manifiesta que “el gobierno de Milei eliminó toda política pública de comunicación popular”

Los medios de comunicación comunitarios cumplen un rol democratizador estratégico en la sociedad. Hacen de la comunicación un derecho para todas las personas. Así, estos medios que se encuentran en cada rincòn del país, en los barrios populares, gestando comunidad, entienden que toda persona tiene derecho a investigar, buscar, recibir y difundir informaciones, opiniones e ideas, sin censura previa, a través de la radio, la televisión y las redes digitales, en el marco del respeto al Estado de derecho democrático y los derechos humanos

Pero en la actualidad,este rol democratizador se ve jaqueado por el mismo Estado que debería garantizarlas.  “La situación es durísima. El gobierno de Javier Milei canceló todas las políticas de comunicación, los fondos concursables, la pauta oficial nacional y los programas de fomento a la producción. Lo hizo sin leyes ni decretos claros, simplemente desmantelando las estructuras que sostenían a los medios sin fines de lucro”.

La comunicadora menciona que la derogación del Decreto 89/2023 que cancela  las campañas institucionales de publicidad y comunicación onerosas de la Administración Central del Estado. y la suspensión de los Fondos de Fomento Concursables (FOMECA) dejaron a centenares de proyectos comunicacionales al borde del cierre. “Nos quitaron el sustento económico, pero también el reconocimiento simbólico del derecho a comunicar. Es una forma de censura: sin recursos, sin señal y sin visibilidad, no hay libertad de expresión posible”.

Un modelo que concentra la palabra y excluye la diversidad

Caissón explica que el vaciamiento de las políticas de comunicación no es un hecho aislado, sino parte de un modelo ideológico más amplio que busca concentrar la palabra en manos del poder económico.

“El gobierno actual no solo recorta presupuestos, sino que impone un sentido común que deslegitima cualquier voz que cuestione su narrativa. Se construye una idea de libertad que solo sirve al mercado, no a la sociedad”, señala.

Para la comunicadora, el discurso libertario del gobierno “esconde una paradoja”: mientras proclama la libertad de expresión, reduce el espacio público de debate y censura por omisión a los medios que no pueden sostenerse económicamente sin apoyo estatal. “Los grandes medios no necesitan pauta porque ya tienen el respaldo de las corporaciones. Los comunitarios, en cambio, dependemos del compromiso social y de políticas públicas que reconozcan nuestro rol”.

Periodismo bajo presión y represión

Caissón describe un escenario de persecución y represión hacia periodistas populares y trabajadores de medios comunitarios.

“Hacer periodismo popular en este contexto es riesgoso. Hay represión en las calles, hostigamiento en redes, y en provincias como Mendoza, San Luis o Córdoba la cobertura de protestas sociales se paga con detenciones o violencia”.

A pesar de eso, destaca la valentía de quienes siguen informando desde los márgenes:“Seguimos porque creemos en una ciudadanía que tiene derecho a saber lo que los grandes medios ocultan. Los medios comunitarios somos un puente entre los barrios y las luchas sociales”.

Resistir colectivamente ante el individualismo mediático

Además de la asfixia económica, Caissón advierte sobre otro desafío: el avance del individualismo comunicacional.

“Las redes sociales promovieron una lógica en la que cada periodista se piensa como marca personal. Eso va en contra de la idea de comunicación colectiva. Nosotras apostamos a lo contrario: construir sentido y comunidad desde lo colectivo”.

En ese marco, reivindica el espíritu autogestivo y cooperativo de Giramundo TV y de las redes de medios alternativos en todo el país.

“No hay héroes individuales, hay héroes colectivos. Y esos colectivos son los que sostienen la comunicación popular en tiempos donde el poder concentra, precariza y silencia”.

El derecho a comunicar también es democracia

Para Caissón, la libertad de expresión no puede reducirse al derecho individual a opinar, sino que implica la existencia de condiciones materiales y políticas para que todas las voces tengan espacio.

“Si solo pueden hablar los que tienen dinero o medios concentrados, no hay democracia comunicacional. Defender la comunicación popular es defender la democracia misma”.

La comunicadora insiste en que los medios comunitarios no piden privilegios, sino igualdad de condiciones: acceso a frecuencias, fomento a la producción, sostenimiento de los espacios y respeto por la pluralidad informativa.

Pese al panorama adverso, Caissón mantiene la esperanza: “Aun con todo en contra, seguimos transmitiendo, con dificultades, pero con la convicción de que otra comunicación es posible. Si nos apagan, se apaga una parte de la democracia”.

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