Plan ENIA: ejemplo en América Latina, desmantelado en Argentina

El 28 de mayo, día internacional de Acción por la salud de las mujeres y disidencias, cobra una relevancia especial en el contexto de la situación que atraviesa el Plan Nacional de Prevención del Embarazo (ENIA) en Argentina. Este día nos recuerda la importancia de garantizar el acceso equitativo a la atención médica y los servicios de salud sexual y (no) reproductiva para todas las niñas y adolescentes del país.

por Ada Augello

En 2015, el embarazo no intencional afectó la vida de más de 100 mil niñas y adolescentes menores de 20 años. Esta cifra dejó plasmada la enorme deuda del Estado para con ellas. Tiempo después comenzó a implementarse un Plan Nacional de Prevención del Embarazo no Intencional en la Adolescencia. En la actualidad, diversas organizaciones y especialistas advierten sobre el peligro de aumento en los casos de embarazos adolescentes y de enfermedades de transmisión sexual.

El Plan ENIA, una política pública intersectorial y transversal, es destacado como un ejemplo en América Latina y más allá, gracias a su enfoque integral y sus resultados tangibles en la reducción de los embarazos adolescentes no intencionales. Sin embargo, su desmantelamiento debido al desfinanciamiento y la rescisión de contratos ha generado incertidumbre, riesgos para la salud y el vaciamiento de una agenda de derechos sexuales y (no) reproductivos.

Ante el ataque hacia los derechos de las mujeres, diversidades infancias y adolescencias, es fundamental que se protejan y fortalezcan iniciativas como el Plan ENIA. El 28 de mayo nos invita a reflexionar sobre la importancia de defender y promover los derechos de salud de las mujeres y niñas, y a trabajar en conjunto para garantizar el acceso a una atención médica integral y de calidad.

El Plan ENIA hoy: inestable y precario

Por decisión política del gobierno nacional, la aplicación del presupuesto destinado a la salud sexual y reproductiva se redujo más del 70% en el primer cuatrimestre del año. Además cuenta -al igual que otros presupuestos- con cifras correspondientes al inicio del 2023. Al desfinanciamiento se suman los más de 600 despidos dentro del Plan Nacional de Embarazo No Intencional en la Adolescencia (ENIA), y existe una gran preocupación por la disminución de insumos en centros de salud en algunas provincias.

Durante la plena implementación del plan, cuenta Valeria Isla -Directora Nacional de Salud Sexual y Reproductiva entre 2019 y 2023- el mismo “permitió un descenso de más del 40% de la fecundidad adolescente”. A su vez, Isla llama la atención al respecto de la implementación en diferentes regiones del país; afirma que “es interesante observar cómo la brecha de descenso de la fecundidad adolescente, entre las provincias del NOA y NEA y las provincias del centro y de la Patagonia, ha tenido un ritmo similar”. 

“Esto significa que han disminuido, junto a la intervención del Plan ENIA, las brechas de desigualdad entre las regiones del país” amplifica Isla, quien en la actualidad es coordinadora de Proyectos REDAAS. Una red de profesionales de la salud y el derecho vinculados con servicios de salud pública y comunitaria en nuestro país, con el compromiso de acompañar y atender a las mujeres en situaciones de aborto legal, entendiéndolo como parte de nuestro deber profesional, ético y jurídico.

En el escenario actual, sumado al desfinanciamiento general de las políticas públicas, en particular en salud, Isla cuenta que el Plan se mantiene “de manera muy inestable y muy precaria”. Sumado a la rescisión de los contratos en los equipos de trabajo en salud y educación; los equipos comunitarios en 12 provincias del territorio nacional también se encuentran cesantes. “Sólo se mantiene un equipo básico a nivel central, en Buenos Aires, con contratos de renovación trimestral”, denuncia Isla.

Ante la falta de un presupuesto real que posibilite el desarrollo del plan, con un tono sereno pero contundente Isla afirma que “el plan ENIA se ha desmantelado por más que en el gobierno nacional algunos funcionarios están planteando que se está readecuando”.

En los equipos de trabajo comprendidos por el Plan, se encuentran profesionales de la obstetricia, enfermeras y médicas que integran el dispositivo de salud sexual y reproductiva. Fue puesto en marcha hace más de seis años, pasando por dos gestiones de gobierno nacional correspondientes a distintos partidos y mirada política. Esto último es resaltado por Isla: “es importante destacar que fue o se convirtió en una política de Estado, por que trascendió un único gobierno partidario, fue un plan que pasó por dos gestiones de gobierno presidenciales”.

En este sentido, Isla reflexiona en el vínculo que los movimientos feministas han construido con las diferentes gestiones de gobierno, dice que “tiene que ver con la fuerza de los feminismos y con la fuerza de la capacidad técnica, política e institucional que tiene el feminismo, manteniendo la agenda de la salud sexo reproductiva”. 

Valeria Isla

Por ello, el pan es considerado ejemplo de políticas públicas que enfrenten el desafío de coordinar sectores y actores alrededor de una visión y compromisos comunes. Asimismo, es una referencia de experiencia exitosa en materia de articulación intersectorial para dar respuesta a un problema con múltiples determinantes. En palabras de su ex directora “ha sido tomado y es modelo no solo en América Latina, sino en otros lugares del mundo, por sus resultados, por su metodología, y su abordaje intersectorial”.

“En su diseño y en su sistema robusto y transparente de monitoreo, con todos los datos publicados de estos años” profundiza Isla, “ha demostrado que con capacidad técnica, planificación, un diseño intersectorial y equipos formados trabajando en red con microgestión, yendo a donde están las, les y los adolescentes en las escuelas, en los barrios, ha logrado grandes resultados”.

El rendimiento monitoreado por su propio sistema -de manera minuciosa y con un perfíl técnico elevado- da cuenta de la profunda articulación entre el sistema público de la salud y de la educación. Integrado por agentes en territorio, asesores de salud y asesores pedagógicos, el trabajo ha tenido alcance a infancias y adolescencias de los rincones más recónditos del país, acompañando y mejorando el acceso a métodos preventivos tanto del embarazo como de enfermedades y afecciones de transmisión sexual. 

En perspectiva histórica

La adolescencia es una etapa clave de la vida, en la que el embarazo no solo significa un riesgo para la salud sino que también compromete a las trayectorias y proyectos de vida, junto a las posibilidades de integración social de las infancias y adolescencias. En su momento, el Plan ENIA ubicó en primer plano este problema y estructuró una respuesta integral de política pública. 

El cuidadoso proceso de formulación del Plan contempló la revisión de las experiencias internacionales, la de los programas nacionales y la trayectoria de las provincias en esta materia. A partir de un marco institucional propicio, diseñó un modelo de intervención intersectorial basado en evidencia y con una meta que orientó el camino a recorrer y permitió evaluar los resultados a medida que la iniciativa fue implementada.

Valeria Isla cuenta que mediante el mismo “también se ha mejorado la detección temprana de embarazos forzados, y de abusos sexuales, accediendo a una IVE o ILE en el marco de la ley 27.610”. De igual modo, recupera un dato clave “si uno mira la disminución de los embarazos, de los nacimientos en niñas menores de 15 años, también ha sido otro resultado promovido por el Plan ENIA”.

Sin embargo, a modo de ataque a los derechos de las infancias y adolescencia, el Plan se encuentra desmantelado. A pesar de su éxito en la prevención del embarazo adolescente, su financiamiento se ha visto afectado, lo que representa un retroceso en la lucha contra este importante problema de salud pública. El desfinanciamiento pone en riesgo los avances logrados y compromete el bienestar de las adolescentes en Argentina.

Una de las estrategias clave del Plan ENIA fue la capacitación continua del personal para abordar de manera integral la salud de los y las adolescentes. Esto incluyó la formación de acompañantes pedagógicos en Educación Sexual Integral (ESI), asesores en salud integral y consejeros en salud sexual. La desaparición del Plan ENIA representa una pérdida significativa en la protección y promoción de la salud sexual y reproductiva de las adolescentes en nuestro país.

Incertidumbre y riesgo

Para Isla, el desmantelamiento “sin duda va a tener un impacto negativo, sobre todo en la población adolescente. Sabemos que son situaciones en las que las adolescentes viven embarazos forzados junto a otras muchas violencias. Entonces, todo estos problemas se agravan porque se desaparecen también los equipos de salud y los equipos de educadores, y sin equipos capacitados la política pública pierde sustancia, pierde esa intersectorialidad”.

Junto a la pérdida de recursos humanos se pierde el trabajo “en los territorios, en las provincias, en esos los lugares que tenían estos indicadores de fecundidad adolescente tan altos”. Para graficar, en total son más de 900 personas en 12 provincias, incluyendo contratos en pausa y despidos ya efectuados. “Si no está el recurso humano, se corta el ciclo virtuoso de la capacitación y de la formación de tantos años y de jóvenes que hablan con otros jóvenes”. 

Ejemplo del trabajo territorial es el abordaje en la educación sexual integral en tanto “refuerzo de los métodos anticonceptivos de larga duración, como lo son el implante subdérmico de una varilla, dos varillas, el DIU, la pastilla del día después, la píldora, la anticoncepción hormonal de emergencia tan importante para poder usarla junto con los preservativos” enuncia Isla.

En la Argentina los métodos de prevención y anticoncepción están disponibles por ley en todo el sistema de salud, sin necesidad de receta alguna. Mediante su promoción en el marco del Plan ENIA -y durante los años de plena implementación- la demanda de los mismos aumentó, lo que se tradujo en mayor disponibilidad de insumos en los diferentes centros de salud donde hubo presencia de ésta política. De esta manera, el Plan funcionó como factor dinámico con otros beneficios, alcanzando no sólo a jóvenes sino también a personas adultas que requerían dichos métodos de manera pública y gratuita.

“Se generaba una dinámica y un acercamiento también a los equipos de salud, con la población, con operativos territoriales ampliando la cobertura. Además de todo, el Plan ENIA generaba una dinámica y traccionaba buenas prácticas en los lugares a donde iba interviniendo” explica Isla. “Por estas razones, decimos que es un un plan intersectorial con mucha planificación y construcción colectiva entre los diferentes sectores”.

En resumen, el Plan ENIA fue un hito importante en la prevención del embarazo adolescente en Argentina. A pesar de sus logros, su desfinanciamiento es motivo de preocupación y requiere una acción urgente para garantizar el bienestar de nuestras adolescentes. Es fundamental que se sigan implementando políticas públicas efectivas y sostenibles para romper el ciclo de embarazos no intencionales en las infancias y adolescencias. Abogar por una mayor inversión en políticas públicas es fundamental para garantizar el bienestar de la sociedad y el desarrollo sostenible. 

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