Un modo político y feminista de acompañar abortos

Foto: Lanzamiento JL 2024 – Foto Juan Ruales
En la región, los gobiernos de ultraderecha desparraman odio, individualismo y crueldad en contextos de achicamiento democrático cada vez más críticos y precarizados. En cuestión de derechos (no) reproductivos hay mucho camino por andar y la Red Compañera de América Latina y el Caribe continúa su articulación regional de redes y organizaciones de acompañamiento a mujeres, niñas y otras personas para que puedan abortar de manera segura, cuidada y libre de violencias.
Con Stephanie Altamirano Herrera, de Las Comadres, Ecuador comienza una serie de notas a activistas feministas que forman parte de la Red Compañera con sus espacios y organizaciones feministas, que disputan los saberes de la medicina hegemónica colonial y producen conocimiento con un horizonte de aborto libre y despenalización.
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“Los cuidados conjugan militancia y politicidad”
Por Laura Rosso
¿Qué te ha permitido vislumbrar y descubrir la experiencia de acompañar abortos y ser parte de la Red Compañera, en términos de política y activismo feminista?
-Es una militancia que a mí me ha vinculado con el feminismo desde lugares muy distintos al dolor, genuinamente es maravilloso ver cómo, con mucha creatividad e ingeniería feminista, quienes abortan y quienes acompañamos logramos subvertir algo tan enorme como es el mandato de maternidad.
¿Qué te aportó tu militancia acompañando abortos en Las Comadres?
-Aportó muchísimo a mi comprensión por el cuidado como un elemento político que está en el centro de la transformación. Yo venía pensando mucho eso, desde otras militancias a partir de la vinculación con la lucha de las mujeres y el pueblo Kurdo, pero es acompañando abortos y en ese proceso de encuentro con otras organizaciones de acompañantes, que logro ver cómo el cuidado se conjuga como un elemento de militancia y politicidad.
¿Qué importancia crees que tienen las palabras, el lenguaje en nuestras prácticas feministas?
-Me gusta mucho pensar en palabras que vienen de ideas de otres pensadoras y que hemos tomado dándole impronta propia como “dispositivo”, “ingenierías”. Hemos ido descubriendo y poniendo en práctica una elaboración minuciosa de una ingeniería de cuidados que nos permiten sostener redes de acompañamiento, y en ello desplegar un sin número de disputas políticas contra un sistema que ha convertido a la maternidad en mandato social y ha desarrollado todo tipo de formas de dominación que castiga a todo aquello que pretende cuestionar ese mandato. Si bien las redes de acompañantes no estamos por fuera del paradigma del individualismo, al ser parte de esta sociedad no podríamos estar por fuera, sin embargo, hay que rescatar que los movimientos sociales, políticos de los que somos parte los feminismos y por tanto el movimiento de acompañantes, hemos dado una lucha histórica por plantear que los llamados derechos individuales son parte del entramado de las luchas colectivas y por tanto su construcción y problematización es colectiva.
¿La autonomía por los cuerpos es la disputa política?
-La conquista por la autonomía de los cuerpos es efectivamente una disputa política, tanto las derechas y sus estructuras de gobierno han sabido ver que es la punta del ancla para dominar a la sociedad. Al mismo tiempo los feminismos nos planteamos la lucha por la autonomía de los cuerpos, por el aborto libre, por la justicia reproductiva, etc, no como una conquista individual, sino que estamos inmersas en esa disputa política, a partir de reportorios colectivos como son las organizaciones de acompañantes y redes como la Red Compañera, y con ello todo el despliegue y trabajo específico que cada una emprende para avanzar en esa lucha.

En las redes de acompañantes se piensa con mucha minuciosidad, tanto la organización como las cosas que hacen, ¿verdad?
-Sí. Traigo algo que leí de Nayla Vacarezza que hace un recuento histórico de cuando se crearon las líneas de información y más adelante las redes de acompañantes y menciona como se “puso a andar un complejo y largo proceso en el que confluyeron saberes populares, científicos y activistas”. Y creo que es así, todo el tiempo sucede esa confluencia de saberes para seguir pensando cómo caminar hacia mundos más libres, más justos, más a la medida de los sueños. Creo firmemente que es la organización política, colectiva y la militancia los lugares donde se decide comprender el mundo en el que vivimos y donde también se decide echar a andar ese repertorio de experiencias acumuladas y transitadas. Son lugares de llegada pero también puntos de partida, elaboramos colectivamente pensamiento político, experiencia y militancia.
En el epílogo del libro La decisión. Políticas de la intimidad en la experiencia del aborto (La hendija Ediciones, 2025) decís que las experiencias de los abortos son como una lupa que muestra cómo la intimidad está vinculada a contextos, a leyes, barreras y desigualdades estructurales, ¿con que artimañas juega la derecha radical para socavar derechos (no)reproductivos?
-Pienso que hay una guerra contra los cuidados y que estamos frente a un momento, como diría Rita Segato, de muchísima perplejidad por toda la violencia que han desplegado las derechas y los fascismos en nuestra región y en el mundo. Estamos viendo cómo todo aquello que construyeron las democracias y el estado de derecho se cae a pedazos. Son momentos de muchísima confusión, siento que hay una mezcla de ridicularización extrema de la política, un ejemplo son los gobiernos de Noboa en Ecuador y Milei en Argentina, de muchísimo cinismo como todo lo que hace Trump y todo el genocidio palestino en manos del Estado de Israel, que se nos muestra como una lección de crueldad a todo el mundo. Por eso pienso que la guerra es contra lo que sostiene la vida, contra los cuidados y quienes efectivamente hacen que la vida se reproduzca. No es coincidencia que esta sea una guerra declarada contra los pueblos originarios, contra las mujeres y las disidencias de sexo y género; y contra la memoria.
En este marco, vos decís que la dominación de los cuerpos y su reproductividad es la punta del ancla de la dominación en general.
-Sí, porque la lucha por el aborto libre, la autonomía de los cuerpos, la justicia reproductiva, el derecho a la tierra, al agua, a los recursos naturales, son luchas que ponen en evidencia la desigualdad y explotación del mundo en el vivimos. La lucha por el aborto es en definitiva, parte del entramado de luchas sociales que disputa el sentido del mundo en el que vivimos. La vida versus la guerra y la muerte. Los grupos políticos y económicos que detentan el poder actualmente, gobiernos de extrema derecha y profundamente fascistas tienen vinculaciones con iglesias tanto católicas como evangélicas. Si bien cada gobierno en la región tiene sus especificidades y responden a grupos económicos concretos, es importante ver que hay una línea conductora en la secuencia de gobiernos de extrema derecha en América Latina y el Caribe.
¿Cómo caracterizas las derechas en la región?
-La derecha de la región confluye, se encuentra y piensa en junta, por ejemplo, eventos como la Conferencia de Acción Política Conservadora, que son organizados por grupos conservadores de Estados Unidos, asisten políticos de la región como Milei y Bukele, entre otros, que llevan adelante la visión y agenda política de grupos de la derecha que están hegemonizando el poder. Uno de los temas de conversación de este tipo de eventos es “la ideología de género”. Si bien en regiones como la centroamericana es más visible ver el ataque de los gobiernos de derecha hacia el derecho a abortar y donde hay legislaciones altamente restrictivas para quienes abortan y quienes acompañan. Es importante ver que socavar derechos no reproductivos se logra también desmantelando la estructura pública como la salud pública, la educación sexual integral, el acceso a empleo digno, sistemas de protección contra la violencia, etc. Es todo esto lo que se pone en juego en el contexto actual.
Estos gobiernos son además abiertamente antifeministas.
-Hay una disputa de sentido que libran los feminismos contra las derechas de nuestros países. Discursos antifeministas como los de los libertarios o funcionarios de estado ecuatorianos que han condenado la existencia de las infancias trans, responden a décadas donde los feminismos hemos librado una batalla cultural e ideológica intensa cuestionando al mandato de la maternidad o al sistema cisheteropatriarcal como destino final. Por mencionar algunos. Hay una disputa de sentidos cuando nuestros pueblos originarios nos muestran a la comunidad como realidad y horizonte de posibilidad para sobrevivir a tanta crueldad. Mientras estos gobiernos promueven ideas y políticas que refuerzan el individualismo, el endeudamiento y la caridad como formas de subsistencia, potenciando la política de la guerra, el odio y la crueldad como horizonte de expectativa, por eso te decía que el genocidio palestino es una muestra de aquello que se quiere instalar en el mundo entero. Históricamente ha sido así y ahora no es distinto, los impactos de esta guerra recaen sobre las mujeres, la tierra y los pueblos.

En países donde el aborto es un delito la mirada punitivista está puesta en lograr la confesión y buscar evidencias, en lugar de que prevalezca la atención de la salud. ¿Qué caminos hay que andar desde los feminismos para construir transformaciones sociales?
-Pienso que es necesario darnos el tiempo y habilitar espacios para entender tanto la coyuntura como estructuralmente este tiempo en la historia. Al mismo tiempo creo que es indispensable reconstruir todo el tiempo todo aquello que nos permita sostener la vida, con esto me refiero a la organización, la comunidad, lo colectivo y constantemente desaprender o ponernos de frente con los sistemas de opresión y explotación de los somos parte. Seguir construyendo pedagogías que permitan luchar contra el castigo y la crueldad, en un mundo tan complejo como en el que vivimos. No creo que haya recetas ni soluciones simples, pero creo que es importante retomar la memoria y mirar a aquellos pueblos que han sobrevivido el horror, pienso que hay mucha sabiduría en ello. Creo que los feminismos le hemos sumado muchísima creatividad a las luchas sociales, entonces hay que seguir elaborando esos caminos. Hay muchísimas contradicciones y dificultades a las que nos enfrentamos como sociedad. Sin embargo, hay que seguir intentando afrontar eso poniendo la reproducción de la vida en el centro.
Con el horizonte del aborto libre, ¿qué representa la trama colectiva que se teje en la Red Compañera?
-La Red Compañera es un espacio profundamente diverso y en constante conversación y construcción. Un espacio de mucho aprendizaje y cuando los contextos específicos se ponen cruentos y requerimos de estirar las manos, corazones y cabezas para pensar y hacer juntes, la Red Compa se convierte en uno de los espacios de llegada donde se pone en juego esa profunda solidaridad. El movimiento por el aborto libre aporta muchísimos aprendizajes sobre la importancia de construir lazos más allá de los territorios nacionales, creo que frente a los ataques transnacionales de la derecha es indispensable que las organizaciones sociales que resisten y crean otras posibilidades de mundo puedan efectivamente rebasar las fronteras nacionales, pero además las reivindicaciones específicas.
