El 50º aniversario de la audaz fuga de 26 presas políticas: «Me sostuve en el pueblo»

El 24 de mayo se cumplieron 50 años de la fuga de 26 presas políticas de la cárcel del Buen Pastor, ocurrida en 1975. Fue a las 20 horas y contó con una organización precisa y detallada ejecutada desde afuera, en el barrio de Nueva Córdoba.

En charla con Cristina Salvarezza, protagonista de la huida, recordamos aquella noche que significó un hecho de mucha valentía, de poner el cuerpo para buscar la libertad. La mayoría de ellas tenían entre 25 y 28 años, había una muchacha de 17, que era la más chica del grupo y la más grande tenía 60.

Por Laura Rosso

“Me quedé sin voz”, recuerda Cristina, sobre aquella noche cuando estaba entre la cocina y el lugar donde las compañeras ensayaban una obra de teatro. “Yo estaba sosteniendo una puerta que se cerraba solamente del lado de la cocina y tenía en las manos una caja con ruleros, con unos cables que salían de adentro para simular una carga explosiva. Entonces cuando las compañeras me miraron quise decirles “¡Vamos!”, pero no me salió la voz. Tuve que cruzar cuatro o cinco metros y decirles, con señas, que nos íbamos. Recién ahí empezaron a salir las compañeras”. 

Fue la adrenalina y el miedo lo que la dejó sin voz, Cristina temblaba. “Estaba el riesgo de que no saliera bien y nos mataran a todas”, revela. Pero la fuga estuvo muy bien preparada, “tanto de adentro como de afuera”. Las compañeras ya habían detectado que al cruzar de un pabellón a otro había un lugar que era un blanco directo para que les dispararan, entonces lo que hicieron fue lavar todas las sábanas del penal y colgarlas, como una cortina para que no las vieran pasar.

Cristina junto a su nieta en el acto por el 50º aniversario

Ese fue el momento de más riesgo porque no sabían cómo iban a responder desde arriba. «Además a esa hora, las ocho de la noche, había el doble de guardias en los techos”. Cristina cuenta que gracias a la relación que había con las presas sociales -aquellas que no eran militantes políticas-, que estaban bailando cuarteto en minifalda para distraer, ellas lograron escapar. 

Sobre la calle Obispo Oro las esperaba un camión Ford, que había arrancado la reja de la ventana a través de la cual saltaron las 26 mujeres para subirse a los autos que las esperaban , concretar la histórica fuga y salir a la libertad.

Era un momento muy álgido, año 1975, y el compañero de Cristina era dirigente en IKA Renault. Después de la fuga, ambos se quedaron en Córdoba hasta enero de 1976, cuando “ya era insoportable”, cuenta Cristina. A su compañero lo habían detectado y ya no podía seguir yendo a la fábrica. “Corríamos mucho riesgo, habían detectado la casa también, entonces nos fuimos”. Se trasladaron primero a La Plata y luego a Ensenada.Cristina trabajó politicamente, desde afuera, con los compañeros de la fábrica Astillero Río Santiago y su compañero entró a trabajar en Techint, que era la contratista de Propulsora Siderúrgica. “Pero la situación en La Plata era terrible, nos buscaban por todos lados, así que en febrero nos tomamos un tren a Constitución y nos perdimos en Buenos Aires”. Allí le plantearon a Cristina que saliera del país con su hija bebé que ya había nacido, a trabajar en España, pero como su compañero se tenía que quedar “porque hacía falta en Argentina”, Cristina se negó a salir del país. Dijo que no se iba, y se quedó muy desvinculada hasta que en marzo de 1977, el día del primer aniversario del golpe,  secuestraron a su marido, de nombre Gustavo García, en la estación de Constitución. “Me sostuve en el pueblo anónimo”, cuenta Cristina con gran fortaleza. Los compañeros habían caído y ella trabajaba de empleada doméstica, limpiaba negocios y casas de familia. Recuerda a una pedicura que la invitaba a quedarse a mirar televisión con ella y a una española dueña de la pensión donde vivía, que había huido de España y le enseñaba canciones. “Por eso digo que me sostuve en el pueblo, esas dos personas me daban ganas de vivir”. A su hija la había tenido que entregar el día que cayó su compañero, los únicos que la podían cuidar eran sus suegros. Pero Abel, otro compañero de militancia, le dijo a Cristina que debía salir del país, todo el PRT había caído. Cristina se compró un bolsito, los pasajes y se fue a Río de Janeiro, Brasil, donde se refugió en Naciones Unidas. Un año después se reencontró con su hija y juntas viajaron a Francia, a un refugio donde había compañeros chilenos, uruguayos y argentinos con hijos, que habían perdido a parte de sus familias. “Fue muy duro eso, porque no estábamos bien y teníamos que adaptarnos a esa sociedad, a la frialdad de esa gente. Fue terrible”. 

La conversación avanza, y Cristina subraya que aprendió mucho en las marchas a las que la llevaban porque, como su marido había trabajado en Renault, pudo conocer compañeras refugiadas muy solidarias y a sindicalistas franceses. “Aprendí mucho, nos abrieron caminos, nos acompañaban a la embajada a hacer las rondas, íbamos con actrices y personalidades como Simone de Beauvoir, Ives Montand, Jaques Mitterrand”. 

Cristina pudo sentir la solidaridad del movimiento de mujeres, tanto en Francia como en Córdoba. Sin embargo apenas regresó junto a su hija, en 1984 fue un tiempo muy duro. “Éramos vistas como las subversivas, yo recorrí todo el país buscando trabajo”. Finalmente, su hija empezó la escuela primaria en la provincia de Jujuy, donde vivía el hermano de Cristina. Cuando volvieron a Córdoba, su hija recuperó el apellido de su padre y Cristina se integró como docente, trabajó en escuelas y fue delegada. Y siempre siguió tejiendo lazos y tramas feministas. “El primer movimiento que se acercó a nosotras en Córdoba se llamaba Las histéricas, las mufas y las otras, fueron las primeras -todas queridas compañeras- que nos acompañaron todos los años, cada vez que íbamos a la reja a señalizar y recordar a las nueve compañeras desaparecidas después de la fuga. Son quienes organizaron el aniversario de los 50 años de la fuga, son las que tomaron el Paseo del Buen Pastor y le pusieron Paseo del torturador. Ellas nos acompañaron siempre, fuimos aprendiendo juntas y en unos días estaremos compartiendo otra marcha de NiUnaMenos. Nos dieron espacio para contar nuestro recorrido como generación del 70 en las radios, en los grupos, en todos los actos, Claudia Korol, Norita Cortiñas, Elina Sanchez. Todas mujeres luchadoras”. 

La semana pasada, en el acto del 24 de mayo, la presencia del movimiento feminista copó el aniversario de los 50 años de la fuga, hubo obras de teatro, intervenciones artísticas, murgas, señalizaron el espacio y denunciaron que las aguas danzantes tapan los calabozos de la cárcel donde se torturaba. Recordaron también a la compañera Silvina Parodi a cuyo nieto siguen buscando. “Éramos tantas compañeras juntas y gritando: ¡Presentes! Ahora y siempre!”

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